Los drones armados tienen una capacidad sin precedentes para rastrear y asesinar personas con gran precisión y sin riesgo alguno para los soldados que los manejan, además de un costo reducido respecto a las tradicionales aeronaves tripuladas. Recientemente se pudo ver en el estreno de la película Rápido y Furioso 7, como un dron era capaz de identificar un objetivo, perseguirlo e intentar eliminarlo. Algo similar se puede ver en un juego de playstation (Call of Duty: Advanced Warfare), en el cual, en una de las misiones se deben destruir unos drones armados. Si bien es un juego futurista y estoy hablando de ficción, pero seguramente es viable su construcción.
Los drones del tamaño de un insecto ya se han convertido en un clásico de las películas de espías y de acción, pero también se encuentran en los campos de batalla desde hace varios años. El ejemplo más conocido es el Black Hornet, de una pulgada por cuatro pulgadas, que ha sido usado por soldados británicos en la guerra en Afganistán desde 2013 para mirar por encima de muros o por las esquinas.
Lanzado desde una caja mantenida en el cinturón, el soldado puede controlar el pequeño helicóptero desde una pequeña terminal portátil, que también muestra imágenes tomadas por tres cameras. El Black Hornet, fabricado por la empresa noruega Prox Dynamics, puede permanecer en el aire unos 25 minutos con una sola carga de batería. El alcance es de unos 1,6 kilómetros. Desde 2014, el Black Hornet también cuenta
Si el soldado no puede llevar un dron en su bolsillo, por lo menos puede lanzar uno al aire. El FULMAR es un vehículo aéreo de vigilancia ligero que puede volar durante 12 horas y alcanzar una distncia de unos 90 kilómetros, dependiendo de su carga.
La serie FULMAR fue desarrollada por la empresa aeroespacial francesa Thales para objetivos de vigilancia, espionaje y el reconocimiento militar. Otro dron de esta clase es el Aladin, fabricado por la empresa alemana EMT, a pesar de tener sólo un alcance de 15 kilómetros. El dron preferido del ejército estadounidense en esta categoría es el Raven, fabricado por la compañía estadounidense AeroVironment.
La gran mayoría de los drones militares, los "caballos de trabajo" como los suele llamar Ulrike Esther Franke, experta en vehículos aéreos no tripulados del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, son robots de tamaño mediano.
Uno de los drones clave en esta clase es el Heron, fabricado por las Industrias Aeroespaciales Israelíes (IAI). Este dron que pesa más de 1.000 kilos tiene una envergadura de 16 metros, puede volar hasta 52 horas y alcanza una altura de 10.000 metros, aproximadamente la misma altura que un avión comercial. Estados Unidos, Canadá, India, Turquía, Australia y Marruecos han comprado drones del tipo Heron.
El ejército alemán también utiliza el LUNA, fabricado por la empresa EMT Penzberg. Este dron de reconocimiento militar ha sido utilizado por la Bundeswehr durante miles de horas en Afganistán y Kosovo desde el año 2000. El LUNA es mucho más barato que el Heron, pero su alcance es sólo de unos 100 kilómetros. Pakistán y Arabia Saudita han comprado drones del tipo LUNA.
Probablemente los drones militares más conocidos son los drones de combate a gran escala usados por Estados Unidos. Son operados desde EE.UU. a través de señales de satélite. El Predator y su primo más grande y moderno, el Reaper, son fabricados por la empresa estadounidense General Atomics. Cada uno de ellos cuesta unos 16,9 millones de dólares. El ejército estadounidense usa esos drones para las polémicas ejecuciones extrajudiciales.
Los Reapers pueden ir armados con varios misiles aire-tierra y con misiles guiados por láser. El tiempo máximo de vuelo es de unas 14 horas. Aparte de EE.UU., varias fuerzas aéreas de la OTAN operan Reapers: Reino Unido, España, Francia y los Países Bajos. El rival chino CH-4 se parece mucho al Reaper y ha sido comprado por Egypto e Irak.
El Global Hawk, fabricado por la empresa estadounidense Nothrop Grumman, es el más espectacular de todos – y el más caro. Cada uno cuesta 131 millones de dólares. El Global Hawk alcanza una altura de hasta 18.000 metros, muy por encima de cualquier avión comercial. Por lo general se usa en zonas de conflicto, pero el objetivo principal del Global Hawk no es militar. Se usa para la vigilancia de señales: en otras palabras, escucha nuestras llamadas por teléfonos móviles.